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7/17/2017
DISCURSO DEL PTE TRUMP EN VARSOVIA 11-07-2017

 

P.T. (PRESIDENTE TRUMP): Muchas gracias. Qué bonito es. Estados Unidos tiene grandes diplomáticos pero ciertamente no hay mejor embajador de nuestro país que nuestra Primera Dama, Melania. Muchas gracias, Melania. Ha sido estupendo. (Aplausos).

Hemos venido a vuestro país para darle un mensaje importante: América ama a Polonia y América ama a los polcaos. (Aplausos). Gracias.

No sólo los polacos han enriquecido mucho esta región sino que los polaco-americanos también han enriquecido mucho los Estados Unidos y me he sentido verdaderamente orgullosos de tener su apoyo en las elecciones de 2016. (Aplausos).

Es un grandísimo honor estar en esta ciudad, junto a este monumento al levantamiento de Varsovia y dirigirse a la nación polaca con la que han soñado tantas generaciones: una Polonia que es segura, fuerte y libre. (Aplausos).

El presidente Duda y su encantadora Primera Dama, Ágata, nos han recibido con la tremenda calidez y amabilidad con que Polonia es conocida en todo el mundo. Gracias. (Aplausos). Mi sincero agradecimiento a ambos. Y al primer ministro Sydzlo también especiales gracias. (Aplausos).

También estamos encantados de que el anterior primer ministro Leck Walesa, tan famoso por haber dirigido el Movimiento Solidaridad, también se haya unido a nosotros hoy. (Aplausos). Gracias, gracias, gracias.

En nombre de todos los americanos permítanme agradecer al pueblo polaco la generosidad que han demostrado al dar la bienvenida a nuestros soldados en su país. Esos soldados no sólo son bravos defensores de la libertad sino también símbolos del compromiso de América por su seguridad y su lugar en una Europa fuerte y democrática.

Estamos orgullosos de estar unidos a soldados americanos, polacos, británico y rumanos. Gracias. (Aplausos). Gracias. Buen trabajo.

El presidente Duda y yo acabamos de tener una reunión increíblemente satisfactoria con los dirigentes que participan en la Iniciativa de los Tres Mares. Para los habitantes de esta gran región América: está anhelante de ampliar nuestra asociación con ustedes. Damos la bienvenida a unos lazos más fuertes comerciales conforme crezca su economía. Y tenemos el compromiso de asegurar su acceso a fuentes alternativas de energía, de modo que Polonia y sus vecinos no dependan jamás de un único proveedor de energías. (Aplausos).

Sr Presidente: le felicito junto con el de Croacia por su liderazgo en esta histórica iniciativa. Gracias. (Aplausos).

Es mi primera visita a la Europa Central como presidente y se me pone la carne de gallina por poder vivirlo en esta magnífica y bella tierra. Es muy bella. (Aplausos). Polonia es el corazón geográfico de Europa pero, más importante aún, en sus habitantes vemos el alma de Europa. Su país es grande porque su espíritu es grande y fuerte. (Aplausos).

Durante dos siglos Polonia ha padecido constantes y brutales ataques. Pero mientras Polonia pudo ser invadida y ocupada y hasta sus fronteras borradas del  mapa, nunca ha podido ser borrada de la Historia ni de sus corazones. En esos días oscuros han perdido su tierra pero nunca su orgullo. (Aplausos).

Por tanto, es con verdadera admiración que puedo decir hoy eso de sus campos y pueblos a las catedrales y plazas de sus grandes ciudades. Polonia vive, Polonia adelanta y Polonia prevalece. (Aplausos).

Independientemente de todos los esfuerzos para transformarles, oprimirles o destruirles, han resistido y vencido. Son el orgulloso país de Copérnico –piensen en eso- (aplausos)-, Chopin, San Juan Pablo II. Polonia es la tierra de grandes héroes, (Aplausos). Y son un pueblo que conoce el verdadero valor de lo que defienden.

El triunfo del espíritu polaco a lo largo de siglos de dureza les proporciona toda la esperanza de un futuro en el que el bien vencerá al mal y la paz logrará la victoria sobre la guerra.

Para los americanos Polonia ha sido un símbolo de esperanza desde el comienzo de nuestra nación. Héroes polacos y patriotas americanos lucharon codo con codo en nuestra Guerra de la Independencia y muchas de las que han seguido. Nuestros soldados sirven todavía juntos en Afganistán e Irak combatiendo a los enemigos de la civilización.

Por parte de América nunca hemos renunciado a la libertad e independencia como el derecho y el destino del pueblo polaco y nunca, nunca, lo haremos. (Aplausos).

Nuestros dos países comparten nos lazos especiales forjados por historias únicas  caracteres nacionales. Es una amistad que existe sólo entre gente que ha combatido, dado su sangre y muerto por la libertad. (Aplausos).

Los signos de esta amistad permanecen en lo más profundo de nuestros países. Precisamente a unos pasos de la Casa Blanca hemos erigido estatuas de hombres como Pulaski y Kosciuszko. (Aplausos). Lo mismo ocurre en Varsovia, donde hay calles con el nombre de George Washington y un monumento a uno de los más grandes héroes mundiales, Ronald Reagan. (Aplausos).

Por tanto estoy aquí no sólo para visitar a un antiguo aliado sino a ponerlo como ejemplo de otros que buscan la libertad y desean sumar el coraje y la voluntad para defender nuestra civilización. (Aplausos). La historia de Polonia es la historia de un pueblo que no ha perdido nunca la esperanza, que no se ha rendido jamás y que nunca ha olvidado quien es. (Aplausos).

MULTITUD: ¡Donald Trump! ¡Donald Trump! ¡Donald Trump!

P.T.: Gracias. Muchísimas gracias. Inmerecido honor. Este país tiene más de mil años. Sus fronteras han sido borradas durante más de un siglo y restauradas hace uno.

En 1920, en el Milagro del Vístula, Polonia frenó al ejército soviético en su conquista de Europa. (Aplausos). 19 años después, en 1939, fueron invadidos nuevamente, esta vez por los nazis desde el oeste y la Unión Soviética desde el este. Gran problema. Terrible problema.

Bajo la doble ocupación el pueblo polaco padeció un infierno indescriptible: la masacre del bosque de Katyn, la ocupación, el Holocausto, el gueto de Varsovia y la revuelta del gueto de Varsovia, la destrucción de esta bella capital y la muerte de casi uno de cada cinco polacos. Una vibrante población judía –la mayor de Europa- quedó reducida casi a la nada después de que los nazis mataron sistemáticamente a millones de judíos polacos junto con otros incontables durante tan brutal ocupación.

En verano de 1944 los ejércitos nazi y soviético se prepararon para una terrible y sangrienta batalla aquí, en Varsovia. Me siento profundamente honrado de unirme hoy a los excombatientes y héroes del levantamiento de Varsovia. (Aplausos).

MULTITUD: (Canta)

P.T.: ¡Qué gran espíritu! Saludamos su noble sacrificio y prometemos recordar eternamente su lucha por Polonia y la libertad. Gracias. Gracias (Aplausos).

Este monumento nos recuerda que más de 150.000 polacos murieron durante aquella lucha desesperada para vencer la opresión.

Desde el otro lado del río los soviéticos pararon y esperaron. Contemplaban cómo los nazis destruían implacablemente la ciudad, asesinado horriblemente a hombres, mujeres y niños. Intentaron destruir este país para siempre anulando su deseo de sobrevivir.

Pero en el carácter polaco hay un profundo coraje y fuerza que nadie pudo destruir. El mártir polaco, el Obispo Michael Kozal lo expresó muy bien: “Más terrible que bajar los brazos es la anulación del espíritu humano”.

Durante cuatro décadas de dominio comunista Polonia y otras naciones cautivas de Europa sufrieron una brutal campaña para eliminar la libertad, su fe, sus leyes, su Historia, su identidad –por supuesto la misma esencia de su cultura y humanidad-. Sin embargo, a pesar de todo eso nunca perdieron su espíritu. (Aplausos). Sus opresores intentaron quebrarlos pero Polonia no pudo serlo. (Aplausos).

Y, cuando llegó el 2 de junio de 1979 y un millón de polacos se reunió en la plaza de la Victoria por primera vez con su Papa polaco: ese día todos los comunistas de Varsovia deben haber sabido que su opresivo sistema caería en breve. (Aplausos). Deben haberlo sabido en el momento exacto durante la homilía del Papa Juan Pablo II cuando un millón de polacos, hombres, mujeres y niños, súbitamente elevaron su voz en una única oración. Un millón de polacos no pedían riquezas. No pedían privilegios. En lugar de ello un millón de polacos cantaron tres simples palabras: “Amamos a Dios”. (Aplausos).

En esas palabras el pueblo polaco recordó la promesa de un futuro mejor. Reunieron más coraje para derrotar a sus opresores y encontraron la palabra para declarar que Polonia sería nuevamente Polonia.

Como estoy ante esta increíble multitud, este país fiel, todavía se pueden escuchar aquellas voces que encuentran su eco en la Historia. Su mensaje es tan cierto hoy como siempre.

El pueblo de Polonia, el pueblo de América y el pueblo europeo todavía grita “Amamos a Dios”. (Aplausos).

Juntos con el Papa Juan Pablo II los polacos reafirmaron su identidad como una nación devota de Dios. Y con esa poderosa manifestación de quienes son llegaron a comprender qué hacer y cómo vivir. Resistieron solidariamente la opresión, una policía secreta sin ley, un sistema un sistema cruel y malvado que arruinó sus ciudades y su alma. Y han ganado. Polonia ha vencido. Polonia siempre vencerá. (Aplausos).

MULTITUD: ¡Donald Trump! ¡Donald Trump!

P.T.: Gracias. En esa victoria sobre el comunismo ustedes estuvieron apoyados por una fuerte alianza de naciones libres en Occidente que desafió a la tiranía. Ahora, entre los más comprometidos miembros de la OTAN, Polonia ha recuperado su sitio como nación líder de una Europa que es fuerte, entera y libre.

Una Polonia fuerte es una bendición para Occidente y el mundo. (Aplausos). Cien años después de la entrada de las tropas americanas en la I Guerra Mundial el vínculo trasatlántico entre Estados Unidos y Europa es tan fuerte como siempre y puede ser, de muchas formas, aún más fuerte.

Este continente ya no se enfrenta al espectro del comunismo. Pero hoy estamos en Occidente y hemos de decir que hay claras amenazas a nuestra seguridad y nuestro modo de vida. Podemos ver lo que ocurre por doquier. Son amenazas. Las haremos frente. Ganaremos. Pero son amenazas. (Aplausos).

MULTITUD: ¡Donald Trump! ¡Donald Trump!

P.T.: Estamos amenazados por otra ideología opresiva –una que intenta exportar terrorismo y extremismo por a todo el mundo-. América y Europa han sufrido un ataque tras otro de terrorismo. Vamos a conseguir frenarlo. (Aplausos).

Durante una reunión histórica con Arabia Saudí pedí a los dirigentes de más de 50 naciones árabes que se unieran para eliminar esta amenaza a toda la Humanidad. Debeos permanecer unidos contra este enemigo para erradicarlo de sus países y su economía, sus redes y cualquier forma de apoyo ideológico que puedan tener. Mientras que siempre daremos la bienvenida a nuevos habitantes que compartan nuestros valores y amen a nuestro pueblo, nuestras fronteras estarán siempre cerradas al terrorismo y el extremismo de cualquier tipo. (Aplausos)

MULTITUD: ¡Donald Trump! ¡Donald Trump!

P.T.: Luchamos a fondo contra el terrorismo islámico radical y venceremos. No podemos aceptar a quienes rechacen nuestros valores y emplean el odio para justificar la violencia contra los inocentes.

Hoy día Occidente se enfrenta también a poderes que intentan probar nuestra voluntad, minar nuestra confianza y desafiar nuestros intereses. Para responder a nuevas formas de agresión, incluyendo la propaganda, los delitos económicos y la ciberguerra, debemos adaptar nuestra Alianza para competir efectivamente en los nuevos modos y todos los campos de batalla.

Urgimos a Rusia a cesar sus actividades de desestabilización en Ucrania y otros lugares así como su apoyo a regímenes hostiles –incluyendo Siria e Irán- para, en lugar d ello, unirse a la comunidad de países responsables en nuestra lucha contra el enemigo común y la defensa de la Civilización. (Aplausos).

Finalmente, en ambos lados del Atlántico nuestros pueblos se enfrentan a otro peligro –firmemente bajo nuestro control-. Peligro invisible a algunos pero familiar a los polacos: el constante y silencioso aumento de la burocracia pública que drena la vitalidad y riqueza de nuestro pueblo. Occidente se hizo grande no por el papeleo y la legislación sino porque se permitió que la gente lograra sus sueños y persiguiera su destino.

Americanos, polacos y naciones europeas valoran la libertad individual y la soberanía. Debemos trabajar juntos para enfrentarnos a las fuerzas,, vengan de donde vengan, del sur o del este, que amenazan con socavar estos valores y destruir los vínculos de la cultura, la fe y la tradición que nos hace lo que somos. (Aplausos). Si no se las controla, estas fuerzas minarán nuestro coraje, la savia de nuestro espíritu y debilitarán nuestra voluntad de defendernos a nosotros mismos y nuestras sociedades.

Pero, del mismo modo que nuestros adversarios y enemigos del pasado aprendieron en Polonia, sabemos que están destinadas a ser vencidas si así lo queremos. Y, por supuesto, queremos vencerlas. (Aplausos). Están destinadas a ello no sólo porque nuestra alianza es fuerte, nuestros países tienen capacidad de recuperación y nuestra potencia es inigualable. Por eso podemos de decir que es verdad. Sin embargo, nuestros adversarios también están destinados a ser vencidos porque nunca olvidaremos quiénes somos. Y, si no lo olvidamos, no podemos ser derrotados. América no olvidará jamás. Los países de Eruopa tampoco. Somos la comunidad más grande. No hay nada como nuestra comunidad de países. El mundo no ha visto nunca nada igual.

Componemos sinfonías. Perseguimos la innovación. Conmemoramos nuestros viejos héroes, amamos nuestras tradiciones y costumbres milenarias y siempre intentamos explorar y descubrir nuevas fronteras.

Premiamos la brillantez. Nos esforzamos por la excelencia y nos gusta inspirar obras de arte que honran a Dios. Guardamos como un tesoro las leyes y protegemos la libre palabra y la libre expresión. (Aplausos)

Consideramos a la mujer como el pilar de nuestra sociedad  nuestros triunfos. Confiamos en la familia, no en la administración ni la burocracia, como el centro de nuestra vida. Y debatimos todo. Desafiamos todo. Intentamos saber todo para poder conocernos mejor. (Aplausos).

Pero, sobre todo, valoramos la dignidad de toda vida humana, protegemos los derechos de las personas y compartimos la esperanza de toda alma por vivir en libertad. Así es como somos. Esos son los vínculos de valor incalculable que nos unen como países, como aliados y como civilización.

Lo que tenemos, lo que heredamos de nuestros –ustedes lo saben mejor que nadie y son testigos de ello hoy con esta increíble multitud- antepasados no ha existido nunca en tal medida antes. Si fallamos en conservarlo no volverá a existir jamás. Por tanto, no podemos fallar.

Esta gran comunidad de países tiene algo en común. En cada uno de ellos es el pueblo, no el poderoso, quien siempre ha constituido el fundamento de la libertad y la piedra angular de nuestra defensa. Aquí, en Polonia, ha sido el pueblo ese fundamento –porque tuvieron razón en Varsovia- y lo fueron también desde el mismísimo comienzo en América.

Nuestros pueblos no ganaron la libertad unidos, no sobrevivieron al horror unidos, no se enfrentaron al infierno unidos para después perder nuestra libertad por falta de orgullo y confianza en nuestros valores. Ni lo hicimos ni lo haremos. Jamás retrocederemos. (Aplausos).

MULTITUD: ¡Donald Trump! ¡Donald Trump!

P. T.: De lo que conozcamos de nuestra historia sabremos construir nuestro futuro. Los americanos sabemos que una alianza fuerte de países libres, soberanos e independientes constituye la mejor defensa de nuestras libertades e intereses. Por esto es por lo que mi gobierno ha pedido que todos los miembros de la OTAN atiendan completamente a sus obligaciones financieras justas.

Como resultado de esta insistencia miles de millones de dólares han comenzaron a caer en la OTAN. De hecho estamos sorprendidos. Pero llegarán más miles de millones de países que no han respondido con tanta rapidez.

A quienes nos criticarían nuestra rigurosa actitud les diría los Estados Unidos han demostrado, no sólo con palabras sino hechos, que defendemos firmemente el Artículo 5, el compromiso de mutua defensa. (Aplausos).

Es muy fácil hablar, pero lo que importa son las acciones. Y para su propia protección –ustedes lo saben, todo el mundo lo sabe y debe saberlo- Europa debe hacer más. Debe demostrar que cree en su futuro invirtiendo su dinero en ese fin.

Por eso aplaudimos a Polonia, por su decisión de avanzar en la adquisición a Estados Unidos del escudo contra misiles y los misiles Patriot –el mejor del mundo (Aplausos)_. Por eso también saludamos al pueblo polaco por ser uno de los países de la OTAN que ha logrado realmente alcanzar el nivel preciso de inversión en nuestra común defensa. Gracias. Gracias Polonia. No puedo menos que decirles que el ejemplo que dan es verdaderamente magnífico y yo os aplaudo. Gracias. (Aplausos).

No debemos olvidar que nuestra defensa no es cuestión de dinero sino de voluntad. Tal y como la experiencia polaca nos recuerda, en último extremo la defensa de Occidente descansa no sólo en medios sino también en la voluntad de su pueblo de vencer y lograr que se debe tener. La cuestión fundamental de nuestro tiempo es si Occidente tiene voluntad de sobrevivir. ¿Confiamos en nuestros valores para defenderlos a toda costa? ¿Respetamos tanto a nuestros habitantes como para defender las fronteras? ¿Tenemos el deseo y el coraje de mantener nuestra civilización frente a quienes la subvertirían y destruirían? (Aplausos).

Podemos tener las más importantes economías y las armas más mortíferas del mundo pero, si no somos una gran familia y tenemos unos fuertes valores, seremos débiles no sobreviviremos. (Aplausos). Si alguien olvida la importancia fundamental de estas cuestiones vayan a un país que no han tenido nunca. Vengan a Polonia. (Aplausos). Vengan aquí, a Varsovia y aprendan de su Levantamiento.

Cuando lo hagan deberían aprender de la Avenida de Jerusalén. En agosto de 1944 era una de las principales vías que atravesaban la ciudad, como hoy.

El control de esa avenida era de una importancia fundamental a ambos lados de la batalla de Varsovia. Los alemanes la querían como su vía más directa para los movimientos de tropas en un frente muy importante. Y, para el ejército polaco, la posibilidad de pasar por ella era crítica para mantener el centro de la ciudad, y el Levantamiento mismo, sin ser destruido ni dividido.

Todas las noches los polacos ponían sacos terreros entre las ametralladoras –un fuego tremendo- para proteger un estrecho paso por la Avenida de Jerusalén. Todos los días el enemigo los tiraba una y otra vez. Los polacos construyeron una trinchera. Finalmente, una barricada. Y los bravos combatientes polacos comenzaron a recorrer la Avenida. Ese paso estrecho, no más ancho de unos pasos, era el frágil nexo que mantenía vivo al Levantamiento.

Entre sus paredes una corriente constante de habitantes y combatientes por la libertad daban sus peligrosas, justamente peligrosas, carreras. Corrían por la calle, a su largo, bajo ella –todo para defender esta ciudad-. “El lado seguro estaba unos cuantos metros lejos”, recordaba una joven polaca llamada Greta. La vida no era importante para ella. En efecto, decía, “La parte mortalmente peligrosa de la calle nadaba en sangre. La sangre de los mensajeros, jóvenes enlaces y carteros”.

Los francotiradores nazis disparaban sobre todo el que cruzara. A todo el que cruzara. Sus tropas incendiaban todos los edificios de la calle y usaban a los polacos como escudos humanos para sus carros en su esfuerzo por capturar la Avenida de Jerusalén. El enemigo nunca cesó en su implacable asalto a ese pequeño reducto de civilización. Y los polacos tampoco cesaron nunca cesaron en su defensa.

La Avenida de Jerusalén exigió una protección, reparación y refuerzo constante, pero la voluntad de sus defensores no decayó jamás, incluso frente a la muerte. Y, en los últimos días del Levantamiento, el frágil paso no falló nunca. No fue olvidado nunca. Fue mantenido abierto por el pueblo polaco.

La memoria de quienes perecieron en el Levantamiento de Varsovia clamó durante décadas y parte de ellas es más clara que la de quienes murieron por construir y defender el paso por la Avenida de Jerusalén. Esos héroes nos recuerdan que Occidente se salvó por la sangre de los patriotas; que cada generación debe desempeñar su parte en su defensa –(aplausos)- y que cada palmo de terreno y cada pulgada de civilización merecen ser defendidas con la vida.

Nuestra propia lucha por Occidente no empieza en el campo de batalla –empieza con nuestra mente, nuestra voluntad y nuestras almas. Hoy día los vínculos que unen nuestra civilización no son menos vitales ni demandan menos defensa que le mero trozo de terreno sobre el que las esperanzas de Polonia descansaron totalmente antaño. Nuestra libertad, nuestra civilización y nuestra supervivencia dependen de esos vínculos de Historia, cultura y memoria.

Hoy, como siempre, Polonia está en nuestro corazón y su pueblo en esa lucha. (Aplausos). Igual que no se pudo romper Polonia, hoy declaro ante el mundo que Occidente no será nunca, nunca, roto. Nuestros valores vencerán. Nuestro pueblo avanzará. Y nuestra civilización vencerá. (Aplausos).

MULTITUD: ¡Donald Trump! ¡Donald Trump!

P. T.: Gracias. Por tanto, juntos, luchemos como los polacos –por la familia, por la libertad, por el país y por Dios-.

Gracias, Dios les bendiga. Dios bendiga al pueblo polaco. Dios bendiga a nuestros aliados. Y Dios bendiga a los Estados Unidos de América.

Gracias. Dios les bendiga. Muchísimas gracias. (Aplausos).

 

Por la trascripción:

Leopoldo Muñoz Sánchez

Coronel de Intendencia ET (R)

 

 

 

 

 

 

 

 


REMITIDO 17/07/2017


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