Inicio > Cultura de Defensa > COMPARTIR LA CARGA DE MANTENER A TODA EUROPA LIBRE Y EN PAZ
Cultura de Defensa
5/18/2017
COMPARTIR LA CARGA DE MANTENER A TODA EUROPA LIBRE Y EN PAZ

 

Conforme la OTAN prepara una cumbre de jefes de estado y de gobierno en Bruselas el 25 de mayo, el debate sobre compartir la carga está subiendo considerablemente. Antes y después de ser el 45 presidente de los EEUU, Donald J. Trump ha criticado acremente a varios de los aliados por no dedicar bastante a Defensa. De hecho, esto venía a reforzar las muy duraderas quejas de EEUU sobre la tendencia de muchos de los aliados a engancharse gratuitamente al esfuerzo global de EEUU en Defensa. ¿Ha llegado el día de reconocer la seguridad europea? Está claro que muchos aliados deben hacer más, si bien el debate de compartir la carga debería basarse en un análisis riguroso. No debemos olvidar el objeto de la carga que debe ser compartida: un continente europeo que, en conjunto, es libre y está en paz. Esto requiere no sólo suficientes recursos financieros sino también unos planes de defensa común aceptables.

El debate sobre compartir la carga trasatlántica es tan viejo como la misma Alianza. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial –y en marcado contraste con la Primera- EEUU ha seguido suscribiendo la seguridad europea mediante un continuado compromiso y garantía de seguridad basada en una amplia disuasión. A cambio, sus aliados han respaldado el papel director de EEUU en el sistema internacional y contribuido a responder a los desafíos comunes. Mediante la Guerra Fría la sombrilla de EEUU permitió que se produjera el proceso de integración europea. A lo largo de las dos últimas décadas, tras el final de la Guerra Fría, la ampliación de la OTAN extendió los límites de la cooperación de seguridad trasatlántica.

Sin embargo, no fue sino como respuesta al ataque a los EEUU –el terrorista del 11 de septiembre de 2001- cuando se invocó la cláusula de defensa colectiva de la OTAN (Art. 5 del Tratado de Washington) por primera vez. En los inicios del ataque del 11/9 los aliados enviaron aviones AWACS de alerta para ayudar a patrullar el cielo de EEUU y lanzaron la más grande operación militar de la OTAN de todos los tiempos en Afganistán donde cientos de miles de soldados aliados combatieron hombro con hombro con las tropas de EEUU. La misión de la OTAN en Afganistán forzó a la Alianza a adaptarse a los nuevos desafíos, tales como la contrainsurgencia, si bien la cuestión de compartir la carga estuvo siempre en la recámara: ¿cuánto es bastante?

Cientos de miles de soldados aliados combatieron hombro con hombro con las tropas de EEUU en Afganistán como parte de la operación militar más grande de la OTAN jamás realizada. Su misión fue ayudar a asegurar que el país no volvería a ser jamás un paraíso para los terroristas tras el ataque del 11/9 a EEUU.

Es más complicado de lo que parece

Medir cómo compartir la carga justamente es más complicado de lo que parece. En la actualidad los planes de la Alianza usan siete formas de medir la capacidad de los países individualmente. Éstas incluyen dos directrices sobre inversión en Defensa que con frecuencia genera titulares, esto es que cada aliado gaste el 2% del PIB en Defensa y el 20% de los presupuestos nacionales de Defensa en material pesado e inversión y desarrollo relacionados. Estas directrices se vieron confirmadas de nuevo en la Cumbre de la OTAN en Gales en 2014, cundo los aliados se comprometieron firmemente a frenar el descenso del gasto de Defensa y a echar adelante el 2% (y el 20%) dentro de una década, con vistas a atender sus objetivos de capacidad, y cubrir los fallos de capacidad, de la OTAN. Sin embargo, esos planes tienen que considerar también la medida de la capacidad, esto es el porcentaje de tropas desplegables y sostenibles de cada país y la medida en que los objetivos de planeamiento de capacidad de la OTAN son implantados efectivamente. Finalmente, hay una multitud de criterios para medir las contribuciones reales, sea en términos de tropas de tierra, mar y aire desplegadas en las operaciones de la OTAN o atendiendo a los requisitos de personal de su Estructura de Mando.

El modo en que pensamos sobre compartir la carga puede que tenga que variar en respuesta a la cambiante situación de seguridad. Hasta hace muy poco la Alianza se centraba principalmente en la gestión de las crisis expedicionarias, en que la contribución en tropas quedaba ampliamente a la discreción de los aliados individualmente. Sin embargo, desde el punto de inflexión de 2014 –cuando Rusia ocupó y se apropió ilegalmente de Crimea y lanzó acciones agresivas contra Ucrania- la defensa colectiva ha vuelto como la máxima responsabilidad de la Alianza. Esto significa que compartir la carga no es ya principalmente sobre operaciones expedicionarias, sino también sobre la capacidad de cada país para desempeñar su papel en caso de guerra futura o un ataque armado. En ese sentido el proceso de planeamiento de la OTAN, que traduce el nivel de ambición de la OTAN en objetivos de capacidad nacional, es el juego real. Es posible que carezca de la simplicidad de la directriz del 2%, pero proporciona mucho más significado respecto de qué capacidad se necesita y para qué, como permite un proceso de revisión de país por país. La Fuerza que necesita la OTAN está ajustada para atender la seguridad de todos los aliados de tal manera que la autoayuda y la ayuda mutua vayan también de la mano.

Volver a invertir en defensa colectiva en el siglo XXI

Si la alianza va a estar lista para defenderse muchos, si es que no la  mayor parte de los aliados se enfrentan a problemas significativos para la modernización de sus fuerzas armadas. Enfrentados a muchos años de presupuestos decrecientes algunos aliados han confiado demasiado en inversiones pasadas y ahora necesitan importante iniciativas para recapitalizar su resquebrajada estructura de fuerza.  Otros han mantenido unos más altos niveles de inversión pero también un tempo operativo superior, llevando a unos arsenales muy usados o vacíos. No obstante las significativas diferencias la conclusión es clara: la mayor parte de los aliados –incluyendo a EEUU- se enfrentan ahora a una unas facturas muy grandes de modernización de su fuerza simplemente para conservar intactas su estructura actual. De modo significativo esto incluye también la modernización de la mayor parte de las plataformas sobre las que descansa la postura nuclear de la OTAN junto con muchos sistemas de armas convencionales.

Medidas contra el cambiante contexto de seguridad las necesidades futuras pueden diferir significativamente de las décadas anteriores, especialmente con respecto a la capacidad de alta gama tales como artillería de largo alcance, defensa antiaérea basada en tierra y la próxima generación de sistemas de ataque por sorpresa. Sin una urgente inversión la dependencia militar de Europa de EEUU se va a agravar significativamente en los próximos años: en algunos aspectos lo está ya. Cuando todos los países luchan por los problemas presupuestarios para tener unas fuerzas armadas adecuadas para el futuro, debe tenerse en cuenta que el sistema de planeamiento de la defensa de OTAN promete proporcionar una mayor armonización, coste-efectividad y transparencia política.

Para algunos aliados el problema más grande para forzar la modernización puede referirse al reclutamiento y mantenimiento de la tropa. El equipo no vale nada sin una tropa motivada y bien instruida. Conforme los requisitos d la Alianza están siendo revisados al alza, quienes planean se enfrentan a cuestiones difíciles sobre cómo aumentar el tamaño y la capacidad de las fuerzas armadas otra vez tras décadas de reducción. ¿Qué significa movilizar para la guerra en el siglo XXI? Las perspectivas de unas tasas mucho más grandes de desgaste por combates en el posible futuro que en las pasadas operaciones convierten este problema en especialmente agudo. Las consecuencias son significativas.

Mientras que la modernización del equipo puede ser acelerada con ayuda de un buen cheque, la reconstrucción de unas estructuras más grandes de fuerza compuestas de profesionales fuertemente instruidos lleva necesariamente muchos años. Como tales, los actuales desequilibrios en compartir la carga no pueden desaparecer de la noche a la mañana. Por la misma razón, lo que más importa es la dirección de la tendencia. El asunto crítico no es, posiblemente, ¿”cuánto es suficiente”? sino, más bien, “¿la modernización de las diferentes fuerzas armadas trae consigo una mayor coherencia dentro de la Alianza”?

Todos para uno y uno para todos

En último extremo, el planeamiento de la defensa no es una cuestión de contabilidad sino de asegurar que, juntos, los aliados cuentan con la capacidad correcta en caso de guerra. A tal efecto hay que volver a descubrir los principios (fundamentales) que subyacen el planeamiento de la defensa de la Alianza. A este respecto, las ideas más importantes son que la acción común debe basarse en la capacidad de cada aliado para contribuir a una capacidad significativa en línea con un plan estratégico común y mantener una división del trabajo basada en la geografía.

Como regla de oro es razonable esperar que los países más grandes sean capaces de mantener una división de alta disponibilidad y los menores una brigada a una agrupación de combate combinadas con suficiente capacidad en mar y aire. Para los países europeos las estructuras de fuerza pueden ser ajustadas en función de su riqueza y situación geográfica relativas en el Continente. Justas, estas fuerzas constituyen unas dimensiones considerables para atender a los requisitos tanto de la defensa colectiva como de otras contingencias.

Lo que más importa es, por supuesto, el objetivo político subyacente: mantener a toda Europa libre y en paz. Los dirigentes de la Alianza han de tener en cuenta que sólo tienen un compromiso con el honor sino también una responsabilidad ante sus sociedades. Enfrentados a ataques de terrorista en casa y múltiples guerras fuera de las fronteras de la Alianza las naciones tienen que confiar en que sus dirigentes están haciendo lo necesario para mantenerlas seguras e indemnes.

Por consiguiente, las decisiones sobre el gasto de defensa no son tanto tomar en serio las directrices d la OTAN como reconocer que el mundo está cambiando rápidamente. Frente a las múltiples amenazas el compartir la carga financiera de la OTAN gira fundamentalmente alrededor de asegurar que ningún aliado en solitario debiera enfrentarse solo a una amenaza de su existencia y distribuir el coste y el riesgo que esto implica sobre muchas espaldas. En la Alianza, todos los países están juntos: todos para uno, uno para todos.

El profesor Dr Alexander Mattelaer es director de Asuntos Europeos en Egmont –el Royal Institute for International Relations en Bruselas-. Imparte cursos sobre seguridad internacional, cooperación para la defensa europea y la OTAN en Vrije Universiteit de Bruselas y College of Europe en Brujas.

NATO Review, mayo 2017

Por la trascripción:

Leopoldo Muñoz Sánchez

Coronel de Intendencia ET (R)

 

 


NATO Review 09/05/2017


Toda documentación así como artículos de opinión presentes en esta web tienen derechos de autor - Asociación de Militares Españoles
ODM.es